29.11.11

¿Por qué pinto?

Eso me pregunto cada vez que estoy por empezar un nuevo trabajo, bueno, en realidad me lo pregunto durante todo el proceso, al inicio, durante el proceso y cuando pareciera que estoy por terminarlo
¿Por qué pinto si me angustio cada vez? Si cuando me paro frente a una tela en blanco, cualquiera sea su tamaño, ésta me intimida, me asusta, comienzo a preguntarme y... preguntar a mi alrededor: ¿por dónde empiezo? ¿mancho con diferentes colores o sólo uno? ¿cuál elijo? y así podría seguir un montón de tiempo con un sinfín de cuestionamientos. O al revés, comienzo a planificar algo nuevo, y bosquejo, hago innumerables pruebas, mamarracheo un montón de hojas, todo el tiempo.
Luego viene la eterna pelea: quiero trabajar la mancha, dejar la figuración, y, cuando parece que lo logro, inserto una figura. ¡No! otra vez el enojo conmigo misma, que no me defino, que no tengo un estilo, que no lo puedo encontrar ¡bla, bla, bla! Pinto y quiero probar el dibujo...
Pero, a pesar de lo dicho me gusta la pintura, los colores, las mezclas. Me divierte, me abre la cabeza, me saca de la estructura  estricta que por momentos tiene mi actividad laboral. Completa mi otra mitad, entra en actividad mi otro hemisferio cerebral, el que puede imaginar, volar, abstraerse...
Y, junto con todo esto, me encanta lo compartido en el taller, las diferentes miradas, opiniones, percepciones. En síntesis: DISFRUTO, APRENDO, VUELO
(Adriana)

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