Escribo porque tengo la necesidad de ser libre. Porque siento que vivo buscando excusas para poder contar algo. Escribo para ser insurgente, subversiva, para contar otras versiones de mi propia vida y tal vez así poder entender por qué me pasan las cosas. Escribo para ser yo misma la historia que cuenta lo que soy, y porque mi mamá me contaba tan bien los cuentos antes de dormir. Escribo para enamorar al compañero, y para desenamorarlo también. Para encontrar mi propia voz, como la coplera que un día me cantó a los gritos su propia voz, en Amaicha del Valle. También escribo para jugar, para ser nena de nuevo, esa nena que también escribía, y que Martita Raquel señaló diciendo “Lorenita tiene que escribir cuando sea grande, se ve que le gusta mucho”. También para generar belleza, porque siento que es un lugar por el que transcurre la belleza en este mundo tan absoluto y real.
Escribo para no llorar a la noche y de noche, cuando la casa se apaga y mis luces se encienden. Ultimamente también escribo para compartir lo que escribo, y bueno, para decir verdad, porque la psicóloga me aburre como un hongo.
Lorena Ravalli.
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