Domingo (Susy Pía Casarosa)
Las calles infectadas de cientos de almas buenas copando las veredas.
Veredas que rebalsan.
Almas buenas saliendo como rebaño de la iglesia de mi barrio
o de otro barrio donde haya una iglesia y buenas almas.
Muy limpitas, arregladas, con sus rostros de pecados perdonados,
puños de primera piedra, paz de caridad y moral almidonada.
Blanquitas, bañaditas, con perfume de salvación eterna y mirada
de yo no fui. El expediente se autodestruyó en cinco segundos de
confesión y algunos padrenuestros, yo no fui.
En el portal, el pastor bendiciendo el diezmo y el poder que se acrecienta
al sumar borregos al rebaño, sonriendo su bondad
y solfeando un tres por cuatro.
Las calles infectadas de cientos de almas buenas copando las veredas.
Veredas que rebalsan.
Almas buenas saliendo como rebaño de la iglesia de mi barrio
o de otro barrio donde haya una iglesia y buenas almas.
Muy limpitas, arregladas, con sus rostros de pecados perdonados,
puños de primera piedra, paz de caridad y moral almidonada.
Blanquitas, bañaditas, con perfume de salvación eterna y mirada
de yo no fui. El expediente se autodestruyó en cinco segundos de
confesión y algunos padrenuestros, yo no fui.
En el portal, el pastor bendiciendo el diezmo y el poder que se acrecienta
al sumar borregos al rebaño, sonriendo su bondad
y solfeando un tres por cuatro.
Cumplir
años (Noelia Rosemberg)
Inexorablemente
la vida nos enfrenta en forma periódica a cumplir años. Y como sapos saliendo a
la lluvia comienzan a aflorar personajes que nos recuerdan que en el imaginario
popular, (en su imaginario popular), hay un exámen que tenemos que dar.
Evidentemente existe un manual, que cada uno lleva en su haber, al que se
debiera consultar para poder transitar libremente por la autopista de la vida
segura.
El pimer
indicio del acercamiento de estos personajes es un comentario dejado caer como
al pasar, emitido sin querer casi en una charla de rutina...algo referido a la
evidencia física del paso del tiempo, una advertencia del tipo "ya tenés
varias canas al aire" con sonrisita picarona. Como si una no mirara cada
mañana no solo la cantidad, espesor y dirección de cada una de ellas mientras
reza 3 ave marías pidiendole a la Virgen tenga piedad y nos permita llegar a
los 40 sin doblegarnos ante el "tono sobre tono" (sí, a la
Virgen, a quién sino a una fémina para que pueda entendernos) .
Luego de
este inicio no hay vuelta atrás, es inevitable, mejor entregarse a esas
conversaciones vanales que nos enfrentan a seguir mirándonos al espejo y
comparando.
En algún
momento siempre nos encontramos con el famoso "y cuántos años, ¿se puede
saber?", y nosotras que no nos podemos contener y necesitamos siempre
llenar los espacios vacíos contestamos un "34", "43",
"85", "114", da igual...y el lisonjero del interlocutor
siempre, casi sin otra alternativa contesta un "te conservás bien,
che". Y no...no nos podemos callar la boca y arremetemos excusándonos,
agradeciendo, ejemplificando...y pensando sin remedio en el culo caído, la
celulitis y la depilación definitiva que tanto deseamos como regalo de
cumpleaños.
También,
en algún momento viene a visitarnos el evaluador, aquel que sopesa el
recorrido realizado, arrojando un "¡qué buena vida venís llevando!".
A este actor tanto no lo atacamos, lo dejamos hablar, compararse, dictaminar;
mientras repasamos internamente nuestra lista de "debe" y
"haber", y si el día no es ovular, el viento sopla del sur y la luna
está en cuarto menguante le damos la derecha y nos vamos tranquilas a
descansar, porque sí...porque ¡qué buena vida venimos llevando!, ¿no?...Pero si
alguna de las variables psico-físicas-medioambientales no estuvo a nuestro
favor, bueno...mejor ni seguir hablando, porque la consecuencia será nefasta
para la humanidad.
Y por
último, el lapidario, casi maternal espécimen, que en forma velada por su
dulce manera de hablar y su gesto animal al abrazar nos suelta un "ya
estás grande...¿y los hijos para cuándo?". Para este personaje no hay
antídoto, no hay variables, no hay respuestas, hay un solo "get a
life" mientras levantamos las copas con una gran sonrisa y "¡chin
chin!".
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